La mansión Playboy: ¿mito o realidad?

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La mansión más famosa de los siglos XX y XXI cerró sus puertas el pasado año 2017 con el fallecimiento de su creador y dueño Hugh Hefner, también conocido  como sirporno.xxx. Ya que unos años antes, vendió la parcela al dueño del terreno contiguo, con la condición de permanecer ahí hasta su fallecimiento.

A lo largo de todos los años que estuvo abierta, desde 1953, la casa fue escenario de múltiples fiestas, visitas de celebridades, pero también de numerosos escándalos y origen de muchas polémicas dentro de la sociedad estadounidense.

El esplendor de la mansión

La mansión contaba con amplios salones de fiesta, un cine privado, gran cantidad de animales exóticos en un exclusivo zoológico privado en la parte trasera del jardín, el despacho del magnate, una biblioteca y filmoteca, además de un enorme jardín que contaba con la famosa piscina donde tuvieron lugar muchos de estos encuentros.

Ha sido todo un mito erótico para muchos hombres, que creían que dentro de la mansión se podían cumplir todas sus fantasías, y tener a cientos de conejitas a su servicio.

Por ella han pasado personalidades célebres e importantes, tales como actores, cantantes, deportistas, y famosos de todo tipo.

No es oro todo lo que reluce, las conejitas hablan de su experiencia

Con el tiempo, fueron apareciendo los testimonios de conejitas que habían salido de la mansión, y hablaban de la vida diaria real dentro de la casa, lo fácil que entraron y lo mucho que les costó salir de ahí.

Cuentan que Hugh tenía muchas reglas demasiado estrictas, como que debían llegar a casa antes de las 9 de la noche si salían sin Hefner, o que debían esconder si tenían novios, mucho menos llevarlos a la casa. Unas reglas que habían de cumplir si querían escalar puestos dentro de la mansión, donde primaba un sentimiento de competición constante para llegar a ser las favoritas del magnate.

Explican que las alfombras estaban sucias por excrementos de los perros de Hefner, sábanas sucias, mugre. Alguna de ella incluso comenta que aunque los muros de la mansión pareciesen ser para que nadie de fuera entrase, realmente parecían ser para que ninguna conejita saliese, porque era realmente difícil salir de aquella rutina.

Además, las conejitas debían estar constantemente cuidando su estética, para mantenerse bellas y de apariencia lo más jóvenes posible. Todas destacan la obsesión de Hugh por que las conejitas fuesen y pareciesen lo más jóvenes posible.

Los viernes era el momento en el que las conejitas recibían el cobro de unos 1.000 dólares. No sin antes realizar algunas acciones pedidas por el magnate, y escuchar las quejas de éste sobre su comportamiento dentro de la casa y su actitud, incluso, en sus redes sociales.